Pata Tercera

Dame dos minutos y sabré cómo decirlo

en palabras que realcen la virtud.

Palabras que más allá del lector nadie dará vida;

tan absurdas como esta pérdida de tiempo 

donde lo único que buscamos

es una emoción trazada en el papel,

ahora lleno de tachones y enmendaduras,

que condensa -o por lo menos lo intenta- 

aquello que seguramente está ahí afuera, 

leyéndolo de nuevo, a la espera 

de esos dos minutos que dije serían suficientes. 

¡Ay de nosotros! que perdemos el momento 

que nos toma esta lectura, 

junto al minuto adicional en que callaremos,

como reflexionando sobre ella.

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