Dame dos minutos y sabré cómo decirlo
en palabras que realcen la virtud.
Palabras que más allá del lector nadie dará vida;
tan absurdas como esta pérdida de tiempo
donde lo único que buscamos
es una emoción trazada en el papel,
ahora lleno de tachones y enmendaduras,
que condensa -o por lo menos lo intenta-
aquello que seguramente está ahí afuera,
leyéndolo de nuevo, a la espera
de esos dos minutos que dije serían suficientes.
¡Ay de nosotros! que perdemos el momento
que nos toma esta lectura,
junto al minuto adicional en que callaremos,
como reflexionando sobre ella.

Deja un comentario